jueves, 9 de marzo de 2017

SOY MUJER, SOY PUBLICISTA Y NO SOY UNA CERDA

Y en últimas ¿qué tienen de malo los cerdos?

Soy mujer, soy publicista, no soy una cerda y hace poco pasé de ser ejecutiva de cuenta a ser redactora, no tuve que acostarme con nadie. Lo logré con mi esfuerzo.

Sí, soy mujer, soy publicista, no soy una cerda, hace poco pasé de ser ejecutiva de cuenta a ser redactora y soy la única mujer en un grupo de diez hombres. Jamás me han faltado al respeto. Y no hay que agradecerle a Dios o Alá o a Buda por el milagro que esto pase en el mundo de los publicistas; no se trata de resentimiento hacia nadie; tampoco se trata de fealdad (argumento que usan cuando ya no saben qué decir); se trata de posición e igualdad porque todos los que hemos trabajado en un medio como la publicidad sabemos que, así como tenemos libertades también tenemos derecho al criterio.

Como publicista y como mujer estoy dolida, pero lo estoy aún más como ser humano. ¿En qué momento pasamos de ser mujeres y hombres, para volvernos mujeres contra hombres? ¿En qué momento entendimos que el feminismo era quitarles la voz a los demás, mediante el único argumento de ser mujer? ¿En qué momento pasamos de ser un género de unión a un género de resentimiento? ¿En qué momento nos otorgaron el derecho de hacer y juzgar a quienes hacen lo mismo? ¿En qué momento perdimos el valor con el que veníamos, demostrando con talento, esfuerzo, fuerza y lucha que nunca hemos sido débiles y que por el contrario somos capaces de todo? Esto último lo hemos demostrado al pie de la letra, somos capaces de todo. Hasta de cagarnos en los demás apelando solamente a la agudeza de nuestra voz, a la ausencia de huevas. Huevas que, sin necesidad de tenerlas físicas, las tenemos mentales y muchas no necesitamos de ellas para defender lo que somos como mujeres y sobre todo para defendernos a tiempo. Somos capaces hasta de destruirnos entre nosotras mismas, solo por envidia; y no contentas con esto intentamos destruir a los demás solo por sospecha.

Hombres, mujeres, ya ni siquiera son solo dos géneros ¿qué más da? Al final somos humanos y somos nuestro peor enemigo porque siempre hablamos sin saber, lanzamos juicios impulsivos que solo nos sirven para regodearnos en la fama del momento, pretendemos conocerlo todo de todos y al final ni nos conocemos a nosotros mismos, nos quedamos con lo primero que se nos atraviesa y no vamos más allá. Así somos los humanos vamos por ahí atropellando porque siempre hay que dirigirse hacia adelante ¿no?

Soy publicista y estoy orgullosa de eso y de tener grandes amigos que también lo son, hombres y mujeres. Pero, así como estoy orgullosa también estoy indignada porque como mujer me siento agredida, desde el momento en que vi como hemos sido subvaloradas y degradadas por nosotras mismas, repitiendo connotaciones como: “La ascendieron porque quién sabe con quién se acostó” esto dicho por nosotras mismas. Y no solo contentas con destruirnos entre nosotras nos subestimamos, pues nos metemos en la cabeza que si no usamos nuestra voz como mujer no llegamos a ningún lado, así en el camino nos llevemos por delante a alguien más.

Estoy segura de que no solo yo pienso esto (lo espero de corazón) somos muchas las mujeres que a diario se ven representadas en otras que no saben ni lo que dicen, que no tienen coherencia en sus posiciones y peor aún, hay muchas que sin criterio se unen a ellas, por falta de argumentos ante la frustración de no haber logrado algo. Basta de atacar, basta de crear calificativos que no aportan, basta de sacar juicios apresurados, somos mujeres, somos capaces de encontrar en nosotras mismas el criterio para defendernos, sin recurrir a argumentos sin sentido. Basta de llamar a mis amigos algo que no son, porque son ellos los que me han cuidado por años y no porque lo necesite sino porque así les nace.