miércoles, 15 de febrero de 2017

EL MAL DE OJO QUE TODOS BUSCAMOS


Platón es la sal. No soy supersticiosa y no creo en brujas (toco madera), pero sí creo en el mal de ojo, y fue eso exactamente lo que nos echó Platón. No con una mirada, pero sí con sus múltiples historias en las cuales por los laditos nos llevaba a un precipicio sin fondo. Leyendo en los anaqueles de Mr. Google, me encontré con el origen del término “media naranja” y descubrí que efectivamente el tigre no es como lo pintan, la historia no es ni bonita siquiera, la historia es una tragedia, es un castigo interpuesto por el mismísimo Zeus y es una invención del desocupado de Platón, que solo estuvo contento cuando sembró la semilla de la inseguridad en todos nosotros. Semilla que después de siglos aún nos enreda la existencia.

La semilla profesa así: En un tiempo donde todos éramos perfectos, donde la gordura no era un pecado, porque éramos redondos como naranjas, teníamos dos caras, cuatro brazos y cuatro piernas que nos permitían desplazarnos rodando. Éramos dos en uno pues al ser redondos teníamos dos seres viviendo por cada lado, podían ser mujer con mujer, hombre con hombre o mujer y hombre (no es el chiste de la señorita Antioquia, esto es serio). Siendo tan perfectos nos empezamos a creer lo máximo del universo (para variar cagándola), empezamos a ser soberbios y a retar a los dioses, a creernos superiores y considerarnos lo último de lo mejor. Pues la dicha de esos días de perfección duró poco, pues Zeus en su infinita gracia y misericordia, nos mandó su sablazo o ¿rayazo? Y nos cortó por la mitad, pero no contento con eso, el corte no lo hizo preciso y quedamos como si nos hubieran partido con cuchillo de serrucho. Anduvimos por el mundo, con pedacitos de nosotros mismos medio pegados a nuestros bordes, buscando desesperadamente nuestra otra mitad, aquella que en un abrazo identificaríamos pues las piezas tenían que coincidir aunque era casi imposible ganar en esa búsqueda. Entonces desde ese tiempo el ser humano deambula triste esperando encontrar su otra mitad.



Decir que no deambulo en su búsqueda es tan falso como el mismo hecho de decir que llegué al mundo incompleta y que necesito andar por ahí abrazándome a cualquiera para ver si todos los extremos compaginan. Lo importante de esto no es en sí el origen de la media naranja, sino saber quién es el culpable de todos mis miedos, tropiezos, equivocaciones, encariñamientos con la piedra, saltos al vacío, romanticismos exagerados y dedicatorias abrumadoras. Ya saben quién es, es el creador de: "eres mi amor platónico Tuxedo Mask" y "No nací completo por favor ven a mí media naranja, así seas una pepa de guama" Sí, el culpable es Platón. Aunque ya no es tiempo de echar culpas, por más liberador que esto sea, debemos reconocer que esta búsqueda a veces se vuelve fascinante, peligrosa sí, pero al fin al cabo emociona, porque es como comprar un Kínder Sorpresa, tienes la seguridad de que algo de adentro te va a gustar pero te asusta lo que no conoces.

La pregunta después de esto es: ¿Cuántos limones hubiera podido evitar? ¡Ja! No es cierto, así esta historia no hubiera existido, yo igual hubiera tropezado no con medias naranjas mal cortadas, sino con adoquines que traen agüita por dentro, de esos que si pisas te salpican y te dejan huella en el pantalón. Y seguro para esto también hubiera inventado una excusa.

Al final sólo tengo por decir: Platón donde quiera que estés. Suerte.


Ilustración: @moizmr