lunes, 9 de julio de 2018

DE LEJOS SE VE MEJOR


En el concierto de Arcade Fire, descubrí algo que… no es el secreto de la vida eterna, pero si fue como ¡Uash!

Para mí era uno de los conciertos más esperados, la banda me encanta y el sitio donde iba a ser me sugería que podía verlos muy de cerca. Y no me equivoqué. Cuando llegamos -con un gran amigo- la fila era eterna, pero la asumimos con todo el estoicismo del caso: tomando cerveza, reprochándome por haberlo hecho sin un baño cerca y luego corriendo a orinar a una cancha de fútbol 5, pagando $2.000 por un bizcocho rociado, unas gotas de jabón verde neón y una toalla de dudosa limpieza. Pero, en últimas el descanso de no haberme tenido que hacer chichi encima como la vez de... en fin.  

En la fila pensaba “debí ser la primera en llegar, ahora soy la última”, sin embargo, cuando entramos ¡Ahhhhhh! Quedamos muy, muy cerca, tan cerca que le vi los calzones a una sonidista y le empecé a coger cariño a Bomba Estéreo. Estábamos muy felices con mi amigo. Todo pintaba muy bien, salió Arcade Fire y yo veía tan cerquita a Win Butler que me quería orinar (pero, ya no tenía chichi), la emoción solo me duró una canción. La gente empezó a correrse para delante, mi amigo mide 1.80 yo 1.60 calculen, me empecé a ahogar, entré en pánico y ahí apareció la lucha interna ¡cómo no voy a aguantar si me encantannnnnn, maldita sea!, Carolina por Dios, es un ratico; de todo me dije para soportar, pero la verdad es que no lo estaba disfrutando y decidí con el dolor de mi alma, salirme de eso.

Iba caminando hacia atrás y nada mejoraba, miraba a la tarima y veía como ya no veía nada, seguía empujando a la gente y todos me miraban con cara de: “es la única idiota que quiere ir en esa dirección” y ahí, iba yo con mi capulito sudado tratando de llegar al otro lado, haciendo mi mejor cara. Para mí, ese recorrido duró todo el concierto, pero la verdad solo fueron tres minutos hasta que encontré el final del VIP, miré a mi alrededor todos en parche y yo sintiéndome tonta, volteé a mirar y ahí estaba Arcade Fire, más nítido que nunca, lo veía todo mucho mejor, los disfrutaba más, podía bailar, hasta se escuchaba mejor. Por un momento olvidé que estaba sola, que ya no estaba con mi amigo, simplemente me dejé llevar. Al final uno de los músicos se bajó del escenario, pasó justo por mi lado y todo tuvo más sentido aún. Luego me encontré con mi amigo que también decidió alejarse para ver mejor, y ambos fuimos felices con más espacio que nunca.

Si me hubiera quedado no habría sido un gran concierto (por más gusto que sintiera), si no me hubiera ido claramente no habría entrado en pánico por perderme de algo, pero si me hubiera devuelto a mitad de camino, jamás hubiera podido decir que bailé a mis anchas y a mis planas (mis amigos lo entienden), grité como la de Bomba Estéreo cantando Despacito en los Grammy y sobre todo fui la más feliz del sitio, estando sola en un lugar donde nadie lo estaba. 

Al final, la vida es un concierto jajajaja. Alejarse siempre nos lleva a ver todo el panorama completo y mucho mejor, nos lleva a descubrir otras cosas, a caminar en otros sitios.  Alejarse no es un seguro de que será lo que buscabas, pero quedarse tampoco lo es. Siempre será más cómodo estar donde todos esperan que estés o en el lugar que todos desean, por eso mismo hay que moverse sin pensar si será mejor o peor, solo saber que será distinto. Y distinto no es malo.