lunes, 4 de enero de 2021

¿Dónde lo pongo?

5 centímetros a cada lado, centrado, alineado a la izquierda, en diagonal, mirando hacia la ventana, blanco con blanco, madera con madera. Mi casa: milimétricamente diseñada, pensada por mi TOC y para mi TOC, viviendo el día sabiendo en dónde va cada cosa, cada objeto, desde antes de que lleguen ya sé dónde deben ir. Que el Feng Shui, que Marie Kondo -o Mari Kona- como dije una vez, que el espejo es mejor mirando a la puerta, que hay que mover las energías cada tanto, que las flores en la entrada, que las matas lejos de los aparatos electrónicos, que el celular a distancia de los cristales, que los cristales con las gotas florales, que los cuadros donde se vean. Cada objeto encuentra su lugar, yo se lo doy, los tengo mapeados en mi cabeza. Pero, y el amor… ¿Dónde lo pongo? Ocupa tanto espacio que no puede ser cualquier lugar, es tan grande que se queda pequeño en algunos sitios, es tan complejo que mucho sol lo asfixia y mucha lluvia lo mata, es tan ruidoso que hace eco y tan silencioso que da miedo. ¿Dónde lo pongo? Si cuando lo miro mucho se resiente y cuando no pienso en él salta encima de mí. Sin mencionar, que todo el tiempo intenta escapar. Es tan invasivo que el barrio "El Codito" lo envidia, vive a sus anchas donde le plazca y nadie lo puede desalojar. Una vez intenté ahogarlo y aprendió a nadar el infeliz. Desde ese entonces, me pide ampliaciones quincenales porque crece cada vez que lo quiero matar. 

¿Dónde lo pongo? La pregunta que hace mucho no puedo contestar, en ningún lugar se ve bien, cómodo o feliz. Ni Walter Riso lo sabe. También es cierto que él se amaña donde se le da la gana, se aburre fácil, pero, a veces se queda más de la cuenta, tanto que hasta deja huella en el piso cuando se mueve. A mí me gusta cuando el lugar es amplio  -a él también- pero, a veces ese mismo sitio pasa de ser un chalet con vista al lago a ser el orinal que cobra $500. ¿Dónde lo pongo? Para que pueda ser como siempre ha querido, imprudente, feliz, indeciso. Para que no necesite salir corriendo. Para que sea cursi, muy cursi y pueda botarse como gorda en tobogán. 

Se necesita un lugar bonito para comprar, nada de arriendos y con espacio para dos perritos. Puede estar en construcción, pero, no en reparación. 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Estados

No sé si llamarlos de ánimo, porque a veces ni ánimo hay. Subes y bajas de tal forma que olvidas respirar en el camino. Te levantas agradeciendo por el día nublado y luego te entristeces por el sol. Escuchas tu canción favorita, sonríes y luego llega Tom Yorke a decirte: "No mi ciela". Terminas pateándote todo el mix de Radiohead y vuelves al estado, sin ánimo. Sales a enfrentar al sol y te encuentras con que el man te tiene miedo, ya no está. Te alegras por volver al día nublado, miras a tus perros y se te llena el alma. 

De vuelta a la ventana de tu cuarto, te ríes con algún chat, borras otro, esperas uno. Te sientes como Anne Hathaway en Modern Love, pero, la cagada es que no te pareces. Te ríes recreando las escenas mientras en el fondo alguien en Zoom te pregunta si estás de acuerdo y tú aceptas, sin tener la menor idea de lo que están hablando. Cuando lo entiendes te enojas porque no es lo que esperas y te toca arreglarla sin aceptar que no estabas prestando atención. 

Cuelgas. Te levantas. Caminas. Le hablas a tus plantas, esperando una respuesta. Nunca la hay. 

Cuando te enteras ya se fue el sol, el día nublado, las horas, las campañas, los escritos y tú ya has estado en el parque de diversiones, en varios velorios, meditando en el Tíbet, gritando en el palacio de los espejos, abrazando un árbol, arañando paredes, llorando de la risa, llorando sin risa. Miras la hora, respiras la noche, repasas tus paseos y te quedas con el que más te hizo bien.