miércoles, 19 de julio de 2017

PUBLICIDAD: Buen recordatorio para tu edad (después de tu mamá)

La primera vez que caí en cuenta de que ya estaba en los 30`s fue un día en el que quise ver un video en Youtube y antes me salió un comercial de Ariel, al principio pensé: que mal segmentada esta la pauta. Luego cuando caí en cuenta de que me había visto todo el comercial y estaba convencida de que lo mejor para despercudir la ropa era Ariel, el gritito interior me dijo: ¡Oh, oh, tienes 31!

Luego de ese primer episodio me seguía negando a entregarme a los brazos de la publicidad para “señora” y empecé a buscar videos más adecuados, o sea busqué “Sorry” de Justin Bieber, pensando: “imposible pues, que acá me salga algo tipo Ariel” y tenía razón ya no salió Ariel, pero sopas Knorr sí. Y lo que hice en seguida fue lo más maduro -y acorde a mi edad- que pude haber hecho: cerré el computador y fui a comprar la bendita sopa para prepararla. No es cierto, solo cerré el computador y empecé a aceptar que era probable que la cosa no parara ahí y que fuera atropellada por anuncios de pañales, leche deslactosada, cremas antiarrugas, fajas y todos esos productos que, pese a que tengo la edad supuestamente correcta para usarlos, no uso.


Tampoco es que solo compre Fisher Price pero, sí debo reconocer que de la edad solo tengo el número, porque uso el jabón que caiga, tomo leche de almendras y no tengo la más mínima idea de cómo hacer una sopa. Aunque la publicidad puede llegar a ser tan convincente, que ya estoy pensando en usar productos de Hilda Strauss y a veces me hago la boba y le robo crema de Arawak a mi señora madre, aún me niego a caer en sus garras.

Quizás la vida esté intentando decirme algo o quizás mi síndrome de Peter Pan no me deje ver con claridad –es lo más probable- pero, mientras descubro qué es, seguiré cerrando los ojos, poniendo en mute los comerciales, mientras puedo saltarlos y seguir escuchando a Justin, digo a Julian Casablancas con tranquilidad.

Ilustraciones: Moisés Martínez

jueves, 20 de abril de 2017

CAUSAS PERDIDAS


Descripción literal (como diría mi mamá): “El que es, no deja de ser”.

Todos hemos tenido o tenemos causas perdidas y todos le hemos apostado –salido- a algo que al final resulta salir con un chorro de babas (como también diría mi mamá). Las hay de todo tipo desde la reincidente –aparece una y otra vez- hasta la que pasa una vez y lo deja a uno curado, aunque estas últimas son más bien pocas pues en la naturaleza del ser humano está reincidir en conductas no aptas para la salud afectiva-mental.

Un ejemplo de causa perdida en mi caso, podría ser: “Dalí suelta ese zapato YAAAAA”. De ante mano sé que no lo va a hacer, pero aun así a diario le grito lo mismo con la esperanza de que algún día deje de babearlo. O también: “Oye suelta a esa señora YAAAAA” aquella causa perdida tampoco lo iba a hacer, pero ahí estaba yo, poniendo velas y volteando a San Antonio para que dejará de ser una perdida (hablo del man, no de mí) y no dejaba de serlo porque yo le daba la oportunidad al tiempo de que lo hiciera cambiar. Eso de dejarle la decisión al tiempo es bien común en los seres humanos porque somos expertos en el “más adelante” esa frase nos viene bien para todo, sobre todo para excusar un sentimiento que aún no tenemos. ¿Vas a comer? Más adelante cuando tenga hambre. ¿Te lo vas a comer? Más adelante cuando él ya no quiera.

Nos encanta decirnos mentiras que no nos creemos, como: “Más adelante cambia”, “más adelante se enamora”, “más adelante lo voy a querer”, “más adelante empiezo a sentirme mejor”. Todas esas me las he dicho yo, me las han dicho y de lo único que estoy segura es de que “del dicho al hecho hay mucho trecho” (Déjenme hablar como una tía, lo disfruto en gran medida).  Pero todos sabemos que en la mayoría de situaciones nunca se da ese más adelante, al contrario, uno ya sabía para dónde iba y ahí siguió, en algunas –muy pocas- las cosa si se dio y Dios bendito con su infinita sabiduría o nos sacó de la causa o la cambió para bien. Sin embargo, en general las causas perdidas ocupan más espacio en nuestra vida que las fotos en el celular (ponga aquí lo que sea que ocupe su vida en exceso) y solo nos desprendemos de ellas cuando ellas deciden desprenderse de nosotros o cuando aparece otra causa perdida mucho más escurridiza que la anterior o cuando nos golpeamos la cabeza y el golpe hace que veamos mejor. Por los tres casos he pasado yo y puedo asegurarles que de las causas perdidas uno aprende o aprende, aunque suele olvidarse fácil de la lección.

Las causas perdidas pueden ser externas o internas (entiéndase como internas el hecho de que sea usted la causa perdida de alguien más) y pueden ser detectadas a tiempo, solo tiene que prestar mucha atención y abrir los ojos u oídos antes que otra cosa -o mentira puede ser después también jaja- si usted dice o le dicen: “No es que no quiera, es solo que en este momento no es oportuno”. “No eres tú, es que no sé qué me pasa”. “Esperemos un tiempo y más adelante vemos”. “Démonos un tiempo y más adelante hablamos”. Es usted oficialmente una causa perdida o está prendado de una. Esto no es la caja de pandora ni más faltaba, todos en el fondo sabemos cuando tenemos o somos una causa perdida, la culpa es del “más adelante” que nos engaña y nos hace cometer o aguantar una serie de estupideces que nos convierten en… no sé en qué. Ponga el adjetivo que mejor le vaya a su situación.




Solo recuerde algo: si detecta a una causa perdida, sea maduro y póngase la capa de invisibilidad (sí la de Harry Potter). Si por el contrario usted es la causa perdida pues regálele la capa de invisibilidad a la otra persona (ufff esta última solución me costó un montón pensarla).

Nota: haga un listado de cuántas veces usted ha sido la causa perdida de alguien vs sus causas perdidas, si la segunda opción vence, por favor adopte un perrito o dos y abra un blog. Así será mucho más feliz.

Ilustración: @moizmr 

jueves, 9 de marzo de 2017

SOY MUJER, SOY PUBLICISTA Y NO SOY UNA CERDA

Y en últimas ¿qué tienen de malo los cerdos?

Soy mujer, soy publicista, no soy una cerda y hace poco pasé de ser ejecutiva de cuenta a ser redactora, no tuve que acostarme con nadie. Lo logré con mi esfuerzo.

Sí, soy mujer, soy publicista, no soy una cerda, hace poco pasé de ser ejecutiva de cuenta a ser redactora y soy la única mujer en un grupo de diez hombres. Jamás me han faltado al respeto. Y no hay que agradecerle a Dios o Alá o a Buda por el milagro que esto pase en el mundo de los publicistas; no se trata de resentimiento hacia nadie; tampoco se trata de fealdad (argumento que usan cuando ya no saben qué decir); se trata de posición e igualdad porque todos los que hemos trabajado en un medio como la publicidad sabemos que, así como tenemos libertades también tenemos derecho al criterio.

Como publicista y como mujer estoy dolida, pero lo estoy aún más como ser humano. ¿En qué momento pasamos de ser mujeres y hombres, para volvernos mujeres contra hombres? ¿En qué momento entendimos que el feminismo era quitarles la voz a los demás, mediante el único argumento de ser mujer? ¿En qué momento pasamos de ser un género de unión a un género de resentimiento? ¿En qué momento nos otorgaron el derecho de hacer y juzgar a quienes hacen lo mismo? ¿En qué momento perdimos el valor con el que veníamos, demostrando con talento, esfuerzo, fuerza y lucha que nunca hemos sido débiles y que por el contrario somos capaces de todo? Esto último lo hemos demostrado al pie de la letra, somos capaces de todo. Hasta de cagarnos en los demás apelando solamente a la agudeza de nuestra voz, a la ausencia de huevas. Huevas que, sin necesidad de tenerlas físicas, las tenemos mentales y muchas no necesitamos de ellas para defender lo que somos como mujeres y sobre todo para defendernos a tiempo. Somos capaces hasta de destruirnos entre nosotras mismas, solo por envidia; y no contentas con esto intentamos destruir a los demás solo por sospecha.

Hombres, mujeres, ya ni siquiera son solo dos géneros ¿qué más da? Al final somos humanos y somos nuestro peor enemigo porque siempre hablamos sin saber, lanzamos juicios impulsivos que solo nos sirven para regodearnos en la fama del momento, pretendemos conocerlo todo de todos y al final ni nos conocemos a nosotros mismos, nos quedamos con lo primero que se nos atraviesa y no vamos más allá. Así somos los humanos vamos por ahí atropellando porque siempre hay que dirigirse hacia adelante ¿no?

Soy publicista y estoy orgullosa de eso y de tener grandes amigos que también lo son, hombres y mujeres. Pero, así como estoy orgullosa también estoy indignada porque como mujer me siento agredida, desde el momento en que vi como hemos sido subvaloradas y degradadas por nosotras mismas, repitiendo connotaciones como: “La ascendieron porque quién sabe con quién se acostó” esto dicho por nosotras mismas. Y no solo contentas con destruirnos entre nosotras nos subestimamos, pues nos metemos en la cabeza que si no usamos nuestra voz como mujer no llegamos a ningún lado, así en el camino nos llevemos por delante a alguien más.

Estoy segura de que no solo yo pienso esto (lo espero de corazón) somos muchas las mujeres que a diario se ven representadas en otras que no saben ni lo que dicen, que no tienen coherencia en sus posiciones y peor aún, hay muchas que sin criterio se unen a ellas, por falta de argumentos ante la frustración de no haber logrado algo. Basta de atacar, basta de crear calificativos que no aportan, basta de sacar juicios apresurados, somos mujeres, somos capaces de encontrar en nosotras mismas el criterio para defendernos, sin recurrir a argumentos sin sentido. Basta de llamar a mis amigos algo que no son, porque son ellos los que me han cuidado por años y no porque lo necesite sino porque así les nace. 

miércoles, 15 de febrero de 2017

EL MAL DE OJO QUE TODOS BUSCAMOS


Platón es la sal. No soy supersticiosa y no creo en brujas (toco madera), pero sí creo en el mal de ojo, y fue eso exactamente lo que nos echó Platón. No con una mirada, pero sí con sus múltiples historias en las cuales por los laditos nos llevaba a un precipicio sin fondo. Leyendo en los anaqueles de Mr. Google, me encontré con el origen del término “media naranja” y descubrí que efectivamente el tigre no es como lo pintan, la historia no es ni bonita siquiera, la historia es una tragedia, es un castigo interpuesto por el mismísimo Zeus y es una invención del desocupado de Platón, que solo estuvo contento cuando sembró la semilla de la inseguridad en todos nosotros. Semilla que después de siglos aún nos enreda la existencia.

La semilla profesa así: En un tiempo donde todos éramos perfectos, donde la gordura no era un pecado, porque éramos redondos como naranjas, teníamos dos caras, cuatro brazos y cuatro piernas que nos permitían desplazarnos rodando. Éramos dos en uno pues al ser redondos teníamos dos seres viviendo por cada lado, podían ser mujer con mujer, hombre con hombre o mujer y hombre (no es el chiste de la señorita Antioquia, esto es serio). Siendo tan perfectos nos empezamos a creer lo máximo del universo (para variar cagándola), empezamos a ser soberbios y a retar a los dioses, a creernos superiores y considerarnos lo último de lo mejor. Pues la dicha de esos días de perfección duró poco, pues Zeus en su infinita gracia y misericordia, nos mandó su sablazo o ¿rayazo? Y nos cortó por la mitad, pero no contento con eso, el corte no lo hizo preciso y quedamos como si nos hubieran partido con cuchillo de serrucho. Anduvimos por el mundo, con pedacitos de nosotros mismos medio pegados a nuestros bordes, buscando desesperadamente nuestra otra mitad, aquella que en un abrazo identificaríamos pues las piezas tenían que coincidir aunque era casi imposible ganar en esa búsqueda. Entonces desde ese tiempo el ser humano deambula triste esperando encontrar su otra mitad.



Decir que no deambulo en su búsqueda es tan falso como el mismo hecho de decir que llegué al mundo incompleta y que necesito andar por ahí abrazándome a cualquiera para ver si todos los extremos compaginan. Lo importante de esto no es en sí el origen de la media naranja, sino saber quién es el culpable de todos mis miedos, tropiezos, equivocaciones, encariñamientos con la piedra, saltos al vacío, romanticismos exagerados y dedicatorias abrumadoras. Ya saben quién es, es el creador de: "eres mi amor platónico Tuxedo Mask" y "No nací completo por favor ven a mí media naranja, así seas una pepa de guama" Sí, el culpable es Platón. Aunque ya no es tiempo de echar culpas, por más liberador que esto sea, debemos reconocer que esta búsqueda a veces se vuelve fascinante, peligrosa sí, pero al fin al cabo emociona, porque es como comprar un Kínder Sorpresa, tienes la seguridad de que algo de adentro te va a gustar pero te asusta lo que no conoces.

La pregunta después de esto es: ¿Cuántos limones hubiera podido evitar? ¡Ja! No es cierto, así esta historia no hubiera existido, yo igual hubiera tropezado no con medias naranjas mal cortadas, sino con adoquines que traen agüita por dentro, de esos que si pisas te salpican y te dejan huella en el pantalón. Y seguro para esto también hubiera inventado una excusa.

Al final sólo tengo por decir: Platón donde quiera que estés. Suerte.


Ilustración: @moizmr 

martes, 17 de enero de 2017

Estado civil: ________ (Ponga lo que quiera en su raya, digo en esta raya)


Llegando a los 30 o estando en ellos existe un detallito -que ejerce más presión que Datacrédito- y es el estado civil. Ya sé que las mujeres hoy en día no necesitamos de un man y estamos súper tranquilas con el tema de la "soledad" ¿Pero de verdad nos creemos esto? No digo tampoco que uno esté saliendo de cacería de brujas/maridos pero si debemos reconocer que sigue siendo un tema sensible para muchas.

Todo radica en que para algunas personas los 30 son sinónimo de anillo, contratos, vestido blanco, biberones, pedida de mano, compra compartida de lavadora, nevera, televisor y demás enseres de un inmueble respetable. Sin embargo para mí y afortunadamente para muchas mujeres, todo esto son simples resabios de generaciones anteriores que acostumbraban a darle valor a una mujer porque tenían a un man al lado; lo triste es que este pensamiento aún se transmite de generación en generación. ¡Sí! Exacto DEGENERACIÓN, eso es lo que es, una completa DEGENERACIÓN meterle en la cabeza a una hija, hermana, prima o amiga, que si no está casada a los 30 ya se puede dar por solterona o tía bonachona o peor aún que si ya tiene algún arremuesco al lado, pues le toca cuidarlo -cual madre sustituta- así no sea feliz.



¿Y es que de cuándo acá estar sola es un defecto? Por este pensamiento es que muchas están con pendejos que no las valoran -me pasó- o se meten con el primero que les da un anillo de diamantes -no me pasó o ¿anillo de tapita de botella vale?- no debí escribir eso. En fin. Tampoco es un pecado decir que no quieren estar solas, no se pongan de dignas a decir que no quieren que las caliente ni el sol cuando no hacen sino hacer match en Tinder. Y sí hay algo peor que el tenis tacón o el torerito es una mujer diciendo que odia a los hombres, que no necesita de ellos, que son lo peor del mundo pero uno la ve como gaviota sobrevolando a más de uno. Lo mejor para todos los casos es quedarse calladita, viviendo feliz, sola o con arremuesco. 

*Arremuesco: viene de arrumaco que en definición es una demostración de cariño, entonces en palabras coloquiales el arremuesco es esa persona que te hace arrumacos y un poquito más.

Ilustración: @moizmr