jueves, 20 de abril de 2017

CAUSAS PERDIDAS


Descripción literal (como diría mi mamá): “El que es, no deja de ser”.

Todos hemos tenido o tenemos causas perdidas y todos le hemos apostado –salido- a algo que al final resulta salir con un chorro de babas (como también diría mi mamá). Las hay de todo tipo desde la reincidente –aparece una y otra vez- hasta la que pasa una vez y lo deja a uno curado, aunque estas últimas son más bien pocas pues en la naturaleza del ser humano está reincidir en conductas no aptas para la salud afectiva-mental.

Un ejemplo de causa perdida en mi caso, podría ser: “Dalí suelta ese zapato YAAAAA”. De ante mano sé que no lo va a hacer, pero aun así a diario le grito lo mismo con la esperanza de que algún día deje de babearlo. O también: “Oye suelta a esa señora YAAAAA” aquella causa perdida tampoco lo iba a hacer, pero ahí estaba yo, poniendo velas y volteando a San Antonio para que dejará de ser una perdida (hablo del man, no de mí) y no dejaba de serlo porque yo le daba la oportunidad al tiempo de que lo hiciera cambiar. Eso de dejarle la decisión al tiempo es bien común en los seres humanos porque somos expertos en el “más adelante” esa frase nos viene bien para todo, sobre todo para excusar un sentimiento que aún no tenemos. ¿Vas a comer? Más adelante cuando tenga hambre. ¿Te lo vas a comer? Más adelante cuando él ya no quiera.

Nos encanta decirnos mentiras que no nos creemos, como: “Más adelante cambia”, “más adelante se enamora”, “más adelante lo voy a querer”, “más adelante empiezo a sentirme mejor”. Todas esas me las he dicho yo, me las han dicho y de lo único que estoy segura es de que “del dicho al hecho hay mucho trecho” (Déjenme hablar como una tía, lo disfruto en gran medida).  Pero todos sabemos que en la mayoría de situaciones nunca se da ese más adelante, al contrario, uno ya sabía para dónde iba y ahí siguió, en algunas –muy pocas- las cosa si se dio y Dios bendito con su infinita sabiduría o nos sacó de la causa o la cambió para bien. Sin embargo, en general las causas perdidas ocupan más espacio en nuestra vida que las fotos en el celular (ponga aquí lo que sea que ocupe su vida en exceso) y solo nos desprendemos de ellas cuando ellas deciden desprenderse de nosotros o cuando aparece otra causa perdida mucho más escurridiza que la anterior o cuando nos golpeamos la cabeza y el golpe hace que veamos mejor. Por los tres casos he pasado yo y puedo asegurarles que de las causas perdidas uno aprende o aprende, aunque suele olvidarse fácil de la lección.

Las causas perdidas pueden ser externas o internas (entiéndase como internas el hecho de que sea usted la causa perdida de alguien más) y pueden ser detectadas a tiempo, solo tiene que prestar mucha atención y abrir los ojos u oídos antes que otra cosa -o mentira puede ser después también jaja- si usted dice o le dicen: “No es que no quiera, es solo que en este momento no es oportuno”. “No eres tú, es que no sé qué me pasa”. “Esperemos un tiempo y más adelante vemos”. “Démonos un tiempo y más adelante hablamos”. Es usted oficialmente una causa perdida o está prendado de una. Esto no es la caja de pandora ni más faltaba, todos en el fondo sabemos cuando tenemos o somos una causa perdida, la culpa es del “más adelante” que nos engaña y nos hace cometer o aguantar una serie de estupideces que nos convierten en… no sé en qué. Ponga el adjetivo que mejor le vaya a su situación.




Solo recuerde algo: si detecta a una causa perdida, sea maduro y póngase la capa de invisibilidad (sí la de Harry Potter). Si por el contrario usted es la causa perdida pues regálele la capa de invisibilidad a la otra persona (ufff esta última solución me costó un montón pensarla).

Nota: haga un listado de cuántas veces usted ha sido la causa perdida de alguien vs sus causas perdidas, si la segunda opción vence, por favor adopte un perrito o dos y abra un blog. Así será mucho más feliz.

Ilustración: @moizmr